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Twenty
Twenty years
Ha sido mi cumpleaños. Ya puedo decir que soy veinteañero. Gracias a los que se acordaron y gracias a Hanna Moody (www.imantandodias.blogia.com) por estos días.
Pd: paso de escribir algo más hoy, me estoy cagando en la madre que parió al blogia porque me dió error tras estar escribiendo una hora ¬¬
Gracias

Bueno, quiero agradecer este premio (la verdad que nunca nadie hizo tan poco para llevarse uno). La señorita Hanna Moody (http://imantandodias.blogia.com) me ha querido otorgar este singular trofeo, el primero del blog. Gracias señorita, sé que me quiere mucho (de lo contrario no me lo explico).
Se supone que ahora yo debería dar este premio a los blogs que más leo, pero creo que mejor lo haré más adelante. 
Exámenes!

"Tranquilo, aún quedan un par de semanas". Esta frase me revienta y más cuando me siento fatal por haber empezado a estudiar tan tarde. Son mis primeros exámenes en Septiembre y creo que estoy pagando la novatada. Siento que no he dedicado el suficiente tiempo y que, aunque quedan un par de semanas y llevo "sólo" dos, voy a acabar arrepintiendome. Entonces, llegarán a mi cabeza frases como "¿por qué no empezaste primero en vez de rascarte el ombligo en frente del ventilador?"... bueno, ese tipo de frases me vienen también ahora pero con la convocatoria de junio. En fin...
Bueno, a todos los que se encuentren en mi misma situación les quiero dar tres dos consejos:
-Primero: aunque cueste, hay que estudiar porque queda menos de lo que parece.
-Segundo: odia a los pocos que lograron sacar todo en junio.
-Tercero: ataca psicológicamente a todos los que aún no han empezado a estudiar y te repiten una y otra vez que "aún queda tiempo"![]()
Cosas de niños
Esta tarde, en uno de esos momentos de aburrimiento entre estudio y estudio, me puse a recordar anécdotas ocurridas en mi infancia que tenía ya casi olvidadas y que procedo a compartir con ustedes.

De pequeño me llamaban Koumin, diminutivo cariñoso de Kouman, el rubio jugador del FC Barcelona. Tendría apenas 6 años o así y me habían regalado una camiseta del Barça del mismo jugador. Me encantaba el Barça y, junto con mi primo, mandábamos cartas a Kouman (mi favorito) y Stoichkov (el suyo), diciéndoles lo buenos que eran, ect.. El caso es que yo, de pequeño, también era rubito y, según cuentan mis primos mayores (yo no me acuerdo), iba por el colegio más chulo que un ocho con mi camiseta con el 4 a la espalda. Según mi prima, era gracioso verme con mis gafas de culobotella, mi camiseta y saludando a todo el mundo. Hay que ver, aún tengo la mini camiseta y, si no fuera por eso y por lo que me cuentan, no me reconocería...
Una de las cosas que recuerdo con más vergüenza se remonta a segundo de primaria, cuando me daba clase una tal Toñi, andaluza y como una madre para todos nosotros. Ella es la protagonista (o culpable) de algunas de mis anécdotas. Recuerdo un día que estábamos todos callados en clase haciendo noséquécosa. En aquéllos época teníamos que pedir permiso para ir al baño y yo me encontraba muy apurado. No sé por qué motivo pero rompí el silencio para que Toñi me diera su consentimiento con un -MAMÁ (en voz alta) ¿pued...?- inmediatamente y sin que pudiera terminar la pregunta toda la clase comenzó a reír sin parar. En fin, mi conciencia léxica me jugó una mala pasada ese día que hizó que el despiste se convirtiera en broma durante días. Además, para más inri, la señorita Toñi me tenía mucho aprecio, tanto que, cuando terminaba los ejercicios e iba a su su mesa para enseñárselos SIEMPRE me pellizcaba cariñosamente el culo (sí, no entiendo qué tiene de cariñoso pero sé que ese era el sentimiento). Lo peor no fue en ese momento, con 7 u 8 años, lo peor vino cuando, no sé por qué razón, me volvió a dar clase años después (en 1º de la ESO) recordando y repitiendo el ritual delante de toda mi clase... Yo la recuerdo con mucho cariño pero esos momentos fueron horribles.

Pasemos a los recuerdos más dolorosos y que sólo voy a relatar por encima. Lo más doloroso de mi vida fue, sin duda, abrirme la barbilla (y por partida doble). Aún recuerdo como me cosieron los puntos con aguja e hilo mientras yo pegaba patadas intentando soltarme por el dolor, sin duda una de las peores experiencias de mi vida. Además de abrirme la barbilla, me he clavado un anzuelo de pescar en la rodilla (el cual me sacaron con unas tenazas…) y un clavo que me perforó la planta del pie derecho. El último recuerdo doloroso de mi infancia se remonta a mis 8 años cuando, bañándome en la playa de Las Galletas, me picó una aguaviva, fideos o vete tu a saber qué. Aún recuerdo el picor, los fideos o lo que fuera pegados a mi muslo y a mi padre corriendo conmigo en brazos. Me llevaron a un bar cercano donde dijeron que lo mejor para aliviar y quitarlos era echarme cerveza… En fin, sólo sé que hoy tengo una marca que me lo recuerda.
Recuerdos tengo muchos más la verdad, muchos refrescados gracias a fotos y otros a esos momentos en los que te reúnes con viejos compañeros y te das cuenta del tiempo que ha pasado desde que ocurrió tal o cual cosa.
Bueno, si lees esto y quieres contarme alguna experiencia parecida de tu infancia, espero tu comentario.
Hoy me apetece escribir. Porque sí, porque la vida es corta y estoy cansado. Quiero mandarte un paquete repleto de besos. Me aburro, me obstino. No tengo ganas de perder ni un sólo minuto más de mis días. No quiero aguantar estúpidas conversaciones, envidias y demás. Te odio.
Te miro. Te ríes, me río y te crees que no me he dado cuenta. Sonrío, te beso. Nos vemos. Adiós.

Monotema

-Sí... claro... sí... ¿eso no me lo habías contado ya?-
En el mundo abunda la gente mono. No es por nuestro parentesco a los primates sino por la simpleza que les caracteriza. Conozco gente mononeuronal (los pobres, no tienen culpa), gente monovalente, personas monógamas, familias monoparentales, gente monolingüe, partidarios monárquicos... y los que más odio, los monótonos y los monotemáticos.
Seguramente no soy el único al que una misma persona le ha contado la misma cosa más de mil veces. No soporto la idea de escuchar lo mismo una y otra vez y tener que fingir (en muchos casos) mi sorpresa ante el relato. En fin, con la gente que tengo más confianza me siento capaz de cortarles y evitar la falsedad pero con el resto se me hace imposible y, mientras mi cara tiene una sonrisa más que fingida e intenta que mis ojos se centren para no dar ningún indicio de aburrimiento, por dentro estoy deseando que acabe ya porque en realidad lo que me está contando (de nuevo) me la suda un poco. Sé que hay circunstancias en la vida que nos llevan a hablar sobre una misma cosa una y otra vez (sobre todo si perteneces al género femenino y has sido rechazada) pero hay otros casos que me enervan y que no tienen justificación. O bueno, sí que la tiene: esas personas van contando lo mismo una y otra vez a todo el mundo por lo que jamás se acordarán de que tú ya has tenido el gusto y la oportunidad de acceder a sus vivencias, así que considérate uno más en su larga lista.
Otro caso parecido lo protagonizan aquéllos que no tienen nada sobre lo que hablar así que siempre recurren, una vez tras otra, al mismo tema (y no me refiero al tiempo, sino a otras experiencias que vienen marcadas por su propia personalidad, si es que tienen.)

